EL AGUA QUE MARIA AUXILIADORA

LE ENTREGÓ A SOR MARIA ROMERO

Alabado seas mi Señor, por la hermana Agua, tan útil, humilde, preciosa y casta.”

(Cántico de las Criaturas, de S. Francisco de Asís)

El agua es ese elemento noble, silencioso y capaz de regenerar la vida, que Dios nos ha dado como un regalo que todos podamos usar, compartir, disfrutar… utilizada para un sin fin de bienes para la humanidad, en su recorrido silencioso y pacífico encontramos la acción providente de Dios que hace reverdecer los desiertos, que pone en floración todo a su paso, que sacia la sed de cuantos rompen el surco de la tierra y la riegan con sus sudores, para que dé el ciento por uno.

 

¡Todas las aguas son de Dios! Todas provienen de su amor lleno de misericordia para con sus hijos e hijas. El autor Alfonso Milagro en su libro los cinco minutos de Dios, así resume en un salmo lo que significa el agua para él:

 

Hoy quiero entonar el salmo del agua cristalina y fugaz.
Quiero ser como el agua, que sirve gozosa a los hijos de Dios.
Quiero ser como el agua que calma la sed del sediento,
sin fijarse si es hombre de ciencia, de poca cultura,
de blanco o de negro color.
Quiero ser como el agua, que es de todos y todos la poseen,
la beben, la gustan, la utilizan; a todos refresca,
los limpia y fecunda.
Quiero ser como el agua que canta sonora sus silbos brillantes
y desliza sus hilos por peñas y arroyos,
llevando la vida, el frescor y la alegre canción.
Eso ha de ser mi vida: agua. Agua que limpia los cuerpos
y lustra las almas con luz bautismal.
Y agua que fecunda y da vida, la vida de gracia
que el buen Dios nos da.


Una bella síntesis de la vocación del agua. Esa criatura de Dios clara, transparente y silenciosa que ha acompañado siempre la historia de la humanidad y que encuentra su más alto estado de necesidad en la cumbre en la cruz, cuando Hijo del hombre grita: TENGO SED! y no se le da agua, sino aquella mezcla de vinagre con hiel.

 

EL AGUA EN LA SAGRADA ESCRITURA

 

En los primeros siglos de su existencia en Palestina, el pueblo judío nunca consiguió ocupar los litorales. No era un pueblo de riberas o de mares. El mar con sus olas y sus profundidades misteriosas les asustaba.

El pueblo vivía más en las tierras altas centrales y dependía para el agua, de las lluvias o de las vertientes. El agua caía de lo alto, del cielo, en los días lluviosos. En las vertientes, el agua viene de abajo, de la tierra. Además, sin importar la dirección que uno tome, en la zona o más lejos de ella, lo cierto es que siempre se encontrará el agua en el mar. El agua existe arriba, abajo y al lado. Empezando por esta observación empírica, ellos delinean la imagen de la Creación. El segundo día Dios separó las aguas de abajo y de arriba, y creó los espacios. El tercer día, aquí abajo, Dios separó la tierra seca de la tierra inundada por las aguas e hizo aparecer la tierra. La poesía hermosa del Salmo 104 describe cómo Dios dominó las aguas y las puso al servicio de la vida.

 

En el siglo 13 antes de Jesucristo, antes de hacerse sedentarios, los pueblos eran nómadas, que vagaban por el desierto y encontraban la vida en los manantiales del desierto. Jesús es el Buen Pastor que conduce sus ovejas a las fuentes de la vida eterna (Salmo 23; Jn 10).

 

En la concepción bíblica, toda la creación y la historia vivida por Israel están en estrecha dependencia de Dios; por consiguiente todo (cosas, personas, acontecimientos) puede convertirse en signo de su presencia, en instrumento de su acción, en indicación de la relación del hombre con Dios. Toda la realidad creada para Israel es sacramental, es decir, puede ser signo de lo trascendente.

 

La primera y la última página de la Biblia ponen el agua como elemento dominante. La protología y la escatología concuerdan al dar al agua un puesto importante. Es como si quisieran decirnos que toda la historia de la tierra, desde su comienzo hasta el final está regida por la criatura agua. Al hablarnos de la creación el autor sagrado nos dice que el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas para fecundarlas y darles el poder de que de ellas surgiera la vida.

 

Las primeras obras de la creación tienen por centro el agua. Dios divide las aguas superiores de las inferiores por medio de una bóveda sólida: el firmamento. Y separa las aguas del lodo primitivo. Las aguas se reúnen y forman el océano primordial y entonces emerge la tierra firme que son los continentes.

 

En el Apocalipsis el ángel vuelve a retomar las imágenes del paraíso para hablarnos de la vida en el más allá y le muestra al vidente un río de agua viva, luciente como el cristal, que sale del trono de Dios y del cordero. En la mitad de la calle de la ciudad, a cada lado del río, crece un árbol de vida... Quien tenga sed, que se acerque; el que quiera, coja gratuitamente agua viva (Ap 22,2a.17b). Toda la felicidad y la alegría que se puede experimentar en la paraíso está expresada bajo el simbolismo del agua que se toma. En otro texto referente al mismo tema dice el salmista: Les das a beber el torrente de tus delicias (Sal 36,9b).

 

Algunas comunidades establecidas en el desierto practican ritos de purificación con el agua del Jordán. Entre los personajes más célebres se cuenta Juan Bautista un profeta de voz bronca y austera presencia, que anuncia un bautismo para la purificación de los pecados y que atrae muchedumbres que vienen a purificarse en las lustrales aguas del Jordán.

 

Es entonces cuando entra en escena Jesús. En el evangelio de Marcos, el más antiguo y primitivo y por tanto el más cercano a los acontecimientos, el bautismo de Jesús es el comienzo del evangelio. En él se han dado cita las fuerzas primordiales del comienzo: el agua sobre la que se cierne el espíritu vivificante, y la voz o la palabra de Dios que llama a los seres a la existencia. Aquí también encontramos esos elementos: el agua del Jordán, símbolo de las aguas bautismales; el Espíritu que desciende desde el cielo y la voz del Padre que llama a Cristo su hijo.

 

Un hecho que merece destacarse es que el bautismo se realiza en el Jordán. Y como lo hemos visto este río está ligado a sucesos muy importantes de la historia del pueblo judío: para entrar en la tierra prometida los israelitas tuvieron que atravesarlo y esa travesía se hizo de un modo maravilloso; Naamán el general sirio fue curado al lavarse siete veces en sus aguas. Ahora Jesús desciende a sus ondas para recibir el bautismo.

 

Agua al comienzo de la creación

Agua al entrar el pueblo de Dios en la tierra prometida

Agua al comenzar Jesús su vida pública

Agua al comenzar nuestra vida de cristianos.

Agua, Espíritu y palabra en todas las etapas de la historia de la salvación.

 

También en el Nuevo Testamento volvemos a encontrar un pozo, un hombre y una mujer que tejen su diálogo junto a él. Es Jesús que sentado junto al brocal revive toda la historia de Israel y ofrece a la samaritana el agua viva que calma la sed para siempre. En el diálogo entre Jesús y la samaritana el simbolismo del agua alcanza su mayor expresión: no sólo es agua natural, sino un agua que salta hasta la vida eterna.

 

La persona de Jesús se ofrece a esa mujer que representa al Israel de todos los tiempos, que inútilmente día tras día intenta saciar su sed con el agua del pozo, sin lograrlo. Comienza una nueva historia, un nuevo amor empieza como otrora junto al pozo. Cuando la mujer reconoce a Jesús como el que trae el don de Dios, deja el cántaro allí y sin llenarlo va a buscar a sus vecinos para comunicarles la buena nueva (Jn 4,1-42). Su vida ha recibido un sentido más profundo y no tiene necesidad del agua que ha venido a buscar: Alguien la ha llenado para siempre.

 

Jesús se presenta a sí mismo como el agua que sacia toda sed así como nos lo presenta Juan 4, 7-15: “Fue entonces cuando una mujer samaritana llegó para sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.» Los discípulos se habían ido al pueblo para comprar algo de comer. La samaritana le dijo: «¿Cómo tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Se sabe que los judíos no tratan con los samaritanos). Jesús le dijo: «Si conocieras el don de Dios, si supieras quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías agua viva y él te la daría.» Ella le dijo: «Señor, no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo. ¿Dónde vas a conseguir esa agua viva? Nuestro antepasado Jacob nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus animales; ¿eres acaso más grande que él?» Jesús le dijo: «El que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en un chorro que salta hasta la vida eterna.» La mujer le dijo: «Señor, dame de esa agua, y así ya no sufriré la sed ni tendré que volver aquí a sacar agua.»

 

Vemos por tanto que el agua tiene una gran importancia en el Antiguo y en el Nuevo Testamento… Jesús incluso llega a definirse como “la fuente del agua viva”…

 

EL AGUA EN LA VIDA DE LA IGLESIA :

 

La iglesia a través de los siglos ha venido dando al agua, también un lugar importante dentro de la celebración sacramental. Muchos de las primeras representaciones artísticas que se encuentran en las catacumbas y sarcófagos cristianos, muestran la simbología del agua, usada para la celebración de los Sacramentos, ante todo del Santo Bautismo.

 

El pueblo de Dios sencillo y fiel, encuentra en el agua como sacramental, una fuente de bendición constante con la que hacen bendecir sus cultivos, sus hogares, a sus seres queridos y los objetos que quieren llevar consigo, no como un signo mágico, sino como una señal de bendición.

 

 

Sor María tuvo gran fe en la bendición de Dios a través de los sacramentales, por lo que utilizó tanto el agua bendecida, la oración del Magnificat, el rezo del Santo Rosario, los quince Sábados en Honor a María Auxiliadora, creyendo no en un valor mágico de los mismos, sino en la bendición que su Rey daba a quienes los usaran con fe.

 

LA BEATA SOR MARIA ROMERO Y EL AGUA DE MARIA AUXILIADORA

 

Para todos los devotos y devotas de la Beata Sor María Romero, es de sobra conocido su inmenso amor, confianza, abandono y filial ternura por la Santa Madre de Dios bajo la advocación de María Auxilio de Cristianos. Un título muy amado que Sor María aprendió a amar, a llevar en su corazón desde niña, en su natal Granada, donde los Salesianos de Don Bosco, tienen una Capilla dedicada a la Auxiliadora y a cuyas procesiones participaba de pequeña y joven siguiendo la carroza incluso con los ojos cerrado, para “dejarse llevar y conducir por Ella” como símbolo perfecto de lo que sería después toda su vida.

 

Como fiel hija y seguidora de San Juan Bosco, Sor María a la Virgen , le habla, le canta, le cuenta sus necesidades, se fía absolutamente de Ella, le pide lo que necesita con la fe cierta de que nunca la dejará sin respuesta. Quienes la han conocido refieren que siempre estaba ante Ella presentándole todas sus necesidades y las de las personas que le pedían oraciones.

 

Sor María pregona este amor preferencial de la Madre de Dios hacia ella que se siente y experimenta tan inútil y tan imperfecta:

 

“¿ Cómo no cantar este día y continuar repitiendo esas palabras, después de tanto rezar y esperar contra toda esperanza? – Sí! estoy feliz, felicísima,”porque el Señor ha mirado la bajeza de su esclava y ha hecho cosas grandes” ¡Todo, todo lo que he deseado y pedido al Señor por medio de nuestra Madre Santísima, me lo ha concedido! ¡Bendito sea!

 

Entre todas las cosas que Sor María le pidió a la Virgen y Ella siempre le concedió, muchos y muchas se han preguntado por el AGUA DE MARIA AUXILIADORA O AGUA DE LA VIRGEN …

¿Qué es esta agua?, ¿de dónde la sacó Sor María? ¿Cómo fue que la obtuvo de la Virgen ? ¿Es en verdad un agua especial que como pidió Sor María a la Virgen , sirviera para sanar las enfermedades del alma y del cuerpo?

 

Vamos a intentar ir respondiendo por partes y ante todo sirviéndonos de los testimonios de las personas que convivieron con Sor María, así como de su propio testimonio.

 

Narra Sor María en su libro “Las Obras Sociales” que ella se encontraba en el año 1955, como personal del Colegio María Auxiliadora de San José. Sor María que era profesora de Música y pintura, ha venido dedicándose también con la ayuda de las mismas alumnas a atender las necesidades de algunas oratorianas que viven en estado de extrema pobreza. La Directora del Colegio era entonces Sor Dolores Arguello, y preocupada porque esa “ayuda” de Sor María a las pobres va cogiendo fuerza, le dice:

 

•  Esto va tomando cara de una nueva obra y yo no puedo permitir que se introduzca sin permiso de la Inspectora ; consúlteselo-

 

Sor María nos dice que en ese entonces la Inspectora era la Madre Nilde Maule a la que acude presurosa para hacerle la consulta. El corazón de Sor María se llena de alegría porque la Madre Nilde le responde:

 

- Pero si esto es lo que desea la reverenda Madre General, que ayudemos a los pobres… Y Sor María:

- entonces ¿puedo seguir? -

- Sí, sí! – le dijo-

 

Y Sor María a correr de nuevo a contarle a la Hermana Directora , la que entonces accedió gustosa. A mediados del 55, según nos relata Sor María, los “pobres de María Auxiliadora” como los había bautizado, se aproximaban ya a cien y los niños de los Oratorios fundados también por Sor María y atendidos con la ayuda de las misioneritas y otras catequistas, llegaban a cinco mil!

 

Sor María piensa entonces: “ Ah!¿ no será una temeridad continuar aceptando pobres sin contar con una cuota fija siquiera?... Esto requiere miles!

Con esta tentación volví otra vez a la reverenda Madre Inspectora que era nuevamente Madre Bernardini sucesora de Madre Nilde Maule; al hacerle la consulta me dijo después de quedarse largo rato callada y pensativa: - Si usted tiene fe, siga! y el día que no tenga que dar, no dé, tranquilamente!

 

- Ah! – dice Sor María – La serenidad de espíritu con que habló me la traspasó al instante. ¿Por qué, pues, no podía seguir en esa forma, sin preocupación? Además, ¿acaso la Virgen me había fallado alguna vez?

 

“Con esta fe o seguridad fui de allí a arrodillarme a los pies e María Auxiliadora y, sumida y abismada en mi nada, pero con toda la confianza de hija hacia la más buena de las Madres, le pedí que me diera para esta obra, que es suya, algo que me hiciera no un milagro sino milagros, como se los había concedido a Don Bosco, por medio de su bendición. Y Ella, nuestra Reina y Madre de misericordia, que se inclina con ternura maternal hacia sus hijos que la invocan, aunque sean defectuosos, se inclinó hacia mí…y me dio un agua milagrosa para curar enfermedades de alma y de cuerpo.”

 

En su obras, posteriormente Sor María, adjunta una serie de hechos con los cuales quiere corroborar como la Virgen le manifestó con los hechos lo prodigiosa que era esta agua para todos, y narra varias curaciones obtenidas por medio de la ingestión o de la bendición con el agua de María Auxiliadora.

 

En una nota adjunta a estos testimonios, Sor María agrega lo siguiente:

 

Una cosa curiosa y misteriosa se ha repetido cinco veces con el agua; cuando en una casa hay alguien que vive mal, y ninguno se preocupa de su conversión, al agua inmediatamente se le forman telas espesas que cuelgan desde arriba de la botella, como claras de huevo o se le deposita un plano de menudas basuras, como migas de pan, o bien – y esto es lo peor – produce un mal olor que no basta botarla, sino enterrarla con todo y botella. Lo que interpretamos: que la Virgen no está dispuesta a derramar sus gracias donde deliberadamente se ofende a su Divino Hijo y no hay nadie allí que repare dichos pecados con su oración”

 

Podemos certificar a través del testimonio de muchas personas, que también actualmente estos mismos fenómenos se continúan dando en el agua, al contrario del agua que muchas otras personas mantienen intacta incluso por más de un año.

 

En otros escritos como en sus cartas, Sor María nos habla más bien del uso que le da al agua de la Virgen y de cómo siempre la recomienda a las personas que atiende en sus tiempos de Consejería espiritual.

 

En una de sus cartas, narra lo siguiente:

 

Le cuento que una hermana Betlemita, Madre Caridad Carpena, está viniendo lunes y martes a ayudarnos. En esos días ella da clase de catecismo a las niñas y a un grupo, clase de costura. Viene feliz, encantada, dice […] Por otra parte, vea como le pagó la Virgen el cariño con el que viene: El lunes 14 pp. me dijo muy apenada: “solo mañana volveré ya, porque la semana entrante me van a operar de los riñones, estoy muy mal y nada duermo” Dios guarde – le contesté- Ahora se va a convencer cómo la Virgen está contenta de que venga a ayudarnos a salvar las almas. Le di el agua milagrosa y al día siguiente le pregunté ¿cómo esta? y ella contestó: “Muy bien, perfectamente bien, ya no tengo nada, dormí toda la noche y se me quitaron los dolores”.

 

En otra ocasión, estando en Italia para un periodo de descanso y de encuentro con las superioras, Sor María le escribe una cartita a las Hermanas de la comunidad de la Casa de María Auxiliadora. Estamos en el año 1969, y Sor María les cuenta lo siguiente en relación al agua de la Virgen :

Les participo que…ya se acabó mi vida! – la Madre General (no sé si ya se los había dicho antes) me ha mandado que vaya de casa en casa a contar lo que estamos haciendo allé, etc, etc y como naturalmente tengo que hablarles del “Agua de la Virgen ” ha sido esto como un avispero. Todas como la samaritana a Nuestro Señor, me dicen: “Dame de esta agua” y yo llenando botellas todo el día, muerta de cansancio !

 

Más significativa es otra carta en que Sor María le escribe a una hermana peruana a la que conoció en Roma y que se interesó profundamente por el agua de la Virgen. A ella Sor María le habla del libro de las crónicas en donde trata de este tema. A la Hermana le dice al respecto:

 

“ Le mando anticipadamente lo que trata del Agua de la Virgen , porque sé que allá tienen la crónica explicativa de cómo conseguí esta agua; pero …por amor de Dios le suplico que rompa aquella y la sustituya por esta, porque su origen no conviene que ande de mano en mano, en pública subasta. Esta agua, sea lo que fuera, es un secreto que me dio la Virgen para que nunca me faltara el alimento de los pobres .”

 

Habría muchas otras cosas que podríamos entresacar de los escritos de Sor María sobre el agua de la Virgen pero es importante también conocer algo de lo que comentan quienes convivieron con Sor María.

 

LO QUE TESTIMONIAN ALGUNOS QUE CONOCIERON A SOR MARIA

 

Sor Ana María Cavallini es una fiel transmisora de muchos hechos relacionados con la Beata Sor María Romero, ya que fue escribiendo poco a poco sus dichos y hechos, y los fue consignando en el llamado “cuaderno Cavallini” y en su testimonio para el proceso de la Beatificación nos dice:

 

Bueno Sor María, le dije, cómo es eso del agua de la Virgen , sé que es milagrosa, yo sé que es agua pura de la cañería, como cualquier agua de la que tomamos, agua del chorro.- No!, me dijo seriamente, es verdad que es agua de la cañería, agua del chorro, pero tiene ese chorro de donde la cogen, la bendición de la Virgen-

¿Cuénteme cómo es eso le dije?

- No puedo decírselo, es un secreto profesional, y añadió:”fíjese en esto: si usa esa agua una persona que no está en gracia de Dios, el agua no se conserva pura, pronto se forman telas dentro del agua; a otra clase de personas les dura mucho el agua, sin descomponerse. Una vez, yo misma di una botella de agua a una persona. Yo no sabía que esta persona vivía mal. No había llegado a su casa y ya el agua estaba llena de telas. Me la trajo extrañada porque había visto que se la había entregado limpia. Me puse a conversar con ella y descubrí que vivía mal con un hombre; esta es la causa le dije”.

 

Continúa Sor Ana María diciendo en su testimonio:

 

“Se ha hablado mucho de esta agua, lo cierto es que se han conseguido y se consiguen innumerables gracias con esta agua. La Virgen manifiesta su poder como quiere ¿no sucede lo mismo en Lourdes? Se pueden leer muchas de las gracias conseguidas con esta agua, en el libro escrito por Sor María: “Las Obras Sociales” Sor María se reía con mucha gana refiriendo un hecho muy gracioso conseguido por dicha agua. A mí me lo contó y me parece que está en el libro “Las Obras Sociales”.

 

- Un Campesino tenía una vaca muy enferma. Débil el animal no podía estar de pie y estaba echado en el suelo. Se le habían aplicado remedios y nada se conseguía. Se acordó el hombre, el dueño, del “Agua de la Virgen ”. Con fe, puso a la vaca una inyección de esta agua y al instante el animal se paró y siguió completamente bien.

 

Otra persona que testimonia sobre “El Agua de la Virgen ” es Monseñor Enrique Bolaños Quesada, 4º Obispo de la Diócesis de Alajuela, quien sobre este tema testifica:

 

“ Sobre el “Agua de la Virgen ”, tan propagada por Sor María Romero, diré que un 12 de Diciembre de 1976, una hermana mía llamada Edith, que estaba muy enferma, recibió la curación después de haber tomado con fe esa agua, pues expulsó algo raro que tenía en el estómago y quedó sanada”

 

Sor Yolanda Porras, quien convivió con la pequeña comunidad que conformaban Sor María y Sor Laura Medal, haciendo un tiempo de discernimiento vocacional en la Casa de María Auxiliadora, nos dice en relación al Agua de María Auxiliadora:

 

Sor María decía que esta era un agua que la Virgen le había dado. Ella misma le había pedido a la Santísima Virgen que así como en Lourdes se usaba el agua para las curaciones, así ella quería que esa agua sirviera para sanar; pero he de advertir que no lo hacía ni por superstición ni por hechicería. Sor María repetía que era un regalo de la Virgen y le pedía a Ella que el agua fuera el instrumento para las curaciones y de hecho mucha gente recibió curaciones mediante el uso de esa agua. Se dice que cuando la persona que recibía esa agua estaba en pecado, el agua se descomponía”

 

Y un testimonio más… Proviene de Sor Angelita Marcolín que fue su directora por cinco años y quien testimonia lo siguiente:

 

En 1975, cuando yo vine de Argentina, permanecí en la casa Sagrado Corazón (actualmente Proyecto de la Mujer Sor María Romero), supe de la iniciativa de Sor maría, respecto a la distribución del Agua de la Virgen. Como dije anteriormente una vez ella me dijo llorando que le habían prohibido distribuirla. El aprecio y la fe que tiene la gente en el Agua de la Virgen , remonta a Sor María en cuanto a ella la Virgen se la dio, para ayudar a la gente a través de esta agua. Esta fe continua actualmente porque la gente sigue constatando los resultados y las gracias que se obtienen por medio de ella.

Sé de personas que han dado esa agua a su esposo que tiene el vicio del licor, y han obtenido la curación después de algún tiempo de mucha oración.

 

A MANERA DE CONCLUSIÓN:

 

Muchos y muchas pensarán que estos hechos y testimonios, son cosas ingenuas que no pueden ser aceptadas como hechos reales por ninguna persona “razonable”… Contrariamente Jesús diría que estas cosas son solo reveladas a los pequeños y sencillos de corazón e igualmente Jesús pone todo su énfasis en el don de la fe. Aquellos que tengan fe como un grano de mostaza, que crean firmemente, serán capaces de decirle a una montaña que se cambie de lugar y la montaña lo haría. La Beata Sor María Romero, como lo ha comprobado la Iglesia , ha tenido una fe en grado heroico como todos los santos. Probada constantemente a través del dolor, de la fatiga, de la contradicción e incluso de la persecución ha creído ciegamente en Jesús y maría, sus grandes amores, y como dice el Evangelio, “por sus frutos los conoceréis”, los diferentes programas sociales, la atención de miles de personas y sus necesidades, los prodigios que Dios, por medio del Agua de la Virgen continúa haciendo son suficiente prueba de la predilección de Dios por esta hija suya.