MARIA ROMERO: UNA SANTIDAD SIMPÁTICA Estamos a menos de un mes de celebrar un año más la Fiesta Litúrgica de nuestra Beata Sor María Romero, el próximo 7 de Julio de este año 2006. La Iglesia cuando exalta las virtudes de algun o de sus hijos e hijas, celebra ante todo la gracia de Dios, que ha tenido total y amorosa correspondencia en esa persona que llamamos “santa” Hablar de santidad en una época como la nuestra no es algo fácil, porque la santidad tiene que ver con una aceptación total de Dios en la propia vida, en la relación con los demás, con lo creado, con nuestra vida privada… ese mismo Dios al que nuestra sociedad actual pretende sacar fuera y dejar a un lado de los grandes logros de la ciencia, la tecnología, la política y los magistrales juegos de la economía, porque al igual que lo narra el Antiguo Testamento, creemos que esta Babel de nuestros días, es fruto de la grandeza del ser humano, de sus inteligencia y poderío, y por eso, Dios estorba a nuestros complejos de grandeza. Vale la pena recordar y redescubrir en todo su valor programático el capítulo V de la Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia , dedicado a la « vocación universal a la santidad ». No solo algunos están llamados a ser santos. Lo estamos todos y todas. Ya el actual Papa Benedicto XVI, siendo cardenal de la Iglesia decía:
Quien tiene esta vinculación con Dios, quien mantiene un coloquio ininterrumpido con Él, puede atreverse a responder a nuevos desafíos, y no tiene miedo; porque quien está en las manos de Dios, cae siempre en las manos de Dios. Es así como desaparece el miedo y nace la valentía de responder a los retos del mundo de hoy. (Cardenal Ratzinger , L'Osservatore Romano» 6 de octubre de 2002). Según las palabras de nuestro Papa Benedicto XVI, el asunto de la santidad requiere de nuestra parte una mejor comprensión. Dicho de forma sencilla, creemos que la Iglesia es santa no porque todos sus miembros sean seres humanos perfectos que viven en absoluta perfección. Lo que creemos es que Dios puede hacer a una persona santa sin importar cual fuera la condición original de esa persona. Creemos que puede repetir esta operación día tras día… Al querer una Iglesia de gente imperfecta y pecadora Dios hace evidente la curiosa paradoja de que Su Santidad more en medio de la más ostensible imperfección. Esto es lo que los católicos llamamos gracia : la grandeza de Dios de formar un vaso perfecto con el barro del que estamos hechos. En cierta forma la Iglesia nos recuerda esta paradoja de la gracia: no somos llamados porque somos mejores que el resto de los hombres. Somos llamados porque no somos mejores y por lo tanto nuestra presencia en la Iglesia realza y hace evidente la gracia de Dios. El esfuerzo diario en nuestra propia santificación, la lucha cotidiana para optar por la luz en medio de las sombras… el optar por la verdad en un mundo lleno de mentiras, o de elegir la compasión y el amor en una sociedad egoísta y materialista… todo eso es acción de Dios en nosotros y por tanto la gloria no es nuestra, es solamente de El. Al inicio del Tercer milenio, el amado Papa Juan Pablo II escribía en su encíclica Novo Millenio Ineunte : En primer lugar, no dudo en decir que la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es el de la santidad (…) Descubrir a la Iglesia como « misterio », es decir, como pueblo « congregado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo », 15 llevaba a descubrir también su « santidad », entendida en su sentido fundamental de pertenecer a Aquél que por excelencia es el Santo, el « tres veces Santo » (cf. Is 6,3). Confesar a la Iglesia como santa significa mostrar su rostro de Esposa de Cristo , por la cual él se entregó, precisamente para santificarla (cf. Ef 5,25-26). Este don de santidad, por así decir, objetiva, se da a cada bautizado. Pero el don se plasma a su vez en un compromiso que ha de dirigir toda la vida cristiana: « Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación » ( 1 Ts 4,3). Es un compromiso que no afecta sólo a algunos cristianos: « Todos los cristianos, de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor ». (No.30) Todos los que han sido declarados santos, santas por la Iglesia son hombres y mujeres que no han dudado en poner a Dios en el primer lugar de su vida; por eso la vida de los santos es como un hermoso jardín donde se encuentra multitud y variedad de colores, de formas, de tamaños… así son los santos. UNA SANTIDAD SIMPÁTICA Nuestra Beata Sor María Romero se nos presenta como un prisma de gran transparencia, a través del cual la luz de Dios se transforma en multiplicidad de colores, de vivencias, de rostros, de intervenciones directas de Dios, de diálogos con la Virgen su Reina… una santidad simpática, una santidad del cotidiano, hecha de pequeñas cosas, de gente sencilla y humilde, de lo común de cada día…incluso de personas acomodadas económicamente pero de corazón pobre…Igualmente los días de Sor María transcurrían entre flores y canarios, entre la música y el canto, entre visitas cortas a su Rey Eucarístico y entre piropos a su Reina la Madre de Dios. Recordemos algunos hechos que seguramente nos harán sonreír, porque los santos son un regalo que Dios da a cada época… son la sonrisa de Dios en medio de las difíciles situaciones que nos toca enfrentar cada día. Espiguemos entre algunos recuerdos de nuestra querida Hermana… siempre optimista, llena de humor y de amor para quienes la rodeaban. Sor María Romero ha sido enviada a Italia por las superioras y se encuentra en ese momento en I Becchi. Es el lugar donde se encuentra la obra madre que inició San Juan Bosco nuestro fundador. Sor María está muy feliz de conocer cada detalle del lugar, de visitar las reliquias de Don Bosco… y entonces le escribe a las hermanas de su comunidad en una carta fechada el 8 de Agosto de 1969: “Mis queridas y recordadas Hermanitas: Se dan cuenta de mi distracción y... de donde les estoy escribiendo?. Ya le escribí también a la Madre y le digo que no se extrañen si me ven llegar trompuda, porque vivo besando, desde las paredes de la casa bendita de nuestra Padre, ¡hasta la última de las cositas, que él ha usado!. ¡Así que dos días más a la sombra de esta Casita llena de recuerdos y ternuras!. Aproveché entonces para volver a contemplar aquellas reliquias tan amadas y conmovedoras: y aproveché también la oportunidad de poder sentarme al Órgano y tocarlo, cantando a todo pulmón, (porque estaba solo con la Hermana que me acompañaba). Load a María y Su concierto...” Imaginarla escribiendo estas palabras y riendo a más no poder, nos hace pensar en una mujer consagrada feliz, llena de Dios y llena de su alegría. No porque no tuviera problemas o sufrimientos, sino porque el amor de Dios que la llenaba, hacía que las nubes oscuras cedieran ante la potente luz del sol de su vida: Jesús. Leyendo un poco la relación de hechos que se recogieron para su Beatificación en la “Positio”, documento que se envió con todas las declaraciones de los testigos a Roma, se leen varios hechos que nos dan a conocer ese espíritu alegre y simpático de nuestra beata, la cual aprovechaba de toda ocasión para engrandecer las maravillas que Dios hace en la vida de los que ama y hacer gozar también a quienes le rodeaban. Nos narra una de las antiguas misioneritas el siguiente hecho que además nos da un dato histórico de importancia: “No recuerdo el año, pero aún recuerdo la primera vez que Sor María organizó la procesión de María Auxiliadora. No sé como Sor María se consiguió a tres músicos; uno tocaba el violín, otro el acordeón y otro la guitarra. Sor María había compuesto unas coplas a la Virgen y unos días antes de la fiesta, nos las hizo ensayar. Nos citó para el 24 a las 4 de la mañana; así ese día estábamos unas 20 personas presentes para festejar a la Virgen ; le cantamos unas cuatro o cinco canciones, luego entramos en la Capillita y estuvimos cantándole a la Virgen de nuevo. Finalmente nos mandó a cantarle las mañanitas a las Hermanas que aún dormían… Lo maravilloso fue que comenzamos unos pocos y hoy son “mares” de personas las que acuden cada año al Rosario de la aurora” (pp. 454-455) Los santos como amigos cercanos que son de Dios, por nosotros. En virtud de que están en Cristo y gozan de sus bienes espirituales, los santos pueden interceder por nosotros. La intercesión nunca reemplaza la oración directa a Dios, quien puede conceder nuestros ruegos sin la mediación de los santos. Pero, como Padre, se complace en que sus hijos se ayuden y así participen de su amor. Dios ha querido constituirnos una gran familia, en donde cada miembro se acerca más a Dios haciendo el bien a su prójimo. Los bienes proceden de Dios pero los santos los comparten. Los santos son modelos. Debemos imitar la virtud heroica de los santos. Ellos nos enseñan a interpretar el Evangelio evitando así acomodarlo a nuestra mediocridad y a las desviaciones de la cultura. Por ejemplo, al ver como los santos aman la Eucaristía , a la Virgen y a los pobres, podemos entender hasta donde puede llegar el amor en un corazón que se abre a la gracia. Al venerar a los santos damos gloria a Dios de quien proceden todas las gracias. En el contacto con ellos y ellas, aún las personas más incrédulas, más alejadas de Dios, pueden tener experiencia de esa fuerza divina que los llena y que se les transparentan en la mirada, en la sonrisa, en sus gestos, en su oración constante. Según los que han conocido a Sor María Romero, la misma experiencia se daba en quienes entraban en contacto con ella. Nos cuenta una de sus más cercanas colaboradoras, Elóina, de San Pedro de Poás que llegó desde muy joven a la Casa de la Virgen a ayudarle a Sor María: “Un día llegó un señor que se presentó como “ateo”; se lo presenté a Sor María y ella se lo llevó; al rato veo al hombre subido en una escalera ya Sor María sosteniéndolo mientras él cambiaba la imagen de María Auxiliadora que estaba desteñida… y poniendo una nueva y más linda en su lugar. Sor María los conquistaba no sé cómo…”(Positio .p 511) Y las cosas sobrenaturales suceden alrededor de los santos de la manera más natural, porque no hacen las cosas para llamar la atención, sino porque sus obras hechas según Dios, son puestas como la luz en lo alto para que todos al verlas, den gloria al Padre. Continúa narrando la misma Eloína: “Recuerdo que cuando fue a Italia, ella misma me contó que una superiora le había pedido que diera unas conferencias en Italiano, ella no lo sabía bien según me dijo. Así que en Turín, ante la tumba de Don Bosco comenzó a pasar la mano sobre la urna y le dijo: “ Don Boscome piden que dé unas conferencias en Italiano y como vos sabés, no sé ni jota!...” y me dice: “Pues Eloína, he salido de la Iglesia hablando en Italiano como que toda mi vida hubiera vivido allá” ( Positio p.517) Hechos que nos hacen sonreír, como tantos otros que llenaron la vida de nuestra Beata Sor María, porque su vida ha sido extraordinaria en la sencillez de lo cotidiano; un cotidiano lleno también para ella de sufrimientos, de amarguras, de contradicciones, de malas interpretaciones, pero que no borraban la sonrisa y la paz de su corazón porque estaba cimentada en la roca firme de Aquel que era su Sol, su Luz, su Rey, su Todo. Según el testimonio de la misma Eloína, Sor María como consejera espiritual tenía una actividad enorme y llena de cansancio. Una vez le dijo: “ Sabes como me siento? …como una naranja exprimida! ” ( cfr. Positio p. 456) POR UNA PRONTA CANONIZACION DE B. SOR MARIA ROMERO. Además de agradecer la colaboración humana y económica de tantas personas que ayudan a estas obras Sociales de la Casa de María Auxiliadora, les invitamos a unirse también en una única intención por la pronta canonización de nuestra Beata Sor María Romero. Un único y nuevo milagro de nuestra Beata Sor María Romero, abrirá las posibilidades de su pronta canonización, para esto la Oficina del Proceso de Canonización solicita a ustedes: Los hechos que ustedes consideren como gracias especiales obtenidos por la intercesión de nuestra beata Sor María Romero y que podrían entrar en el rango de milagro, después de un atento y cuidadoso estudio por parte de la Iglesia , deberán ser presentados a esta oficina dirigidos a Sor Elena Ma. Cruz, responsable de la Oficina del proceso de Canonización de la Beata Sor María Romero. Debe presentarse una narración por escrito, completa y detallada de los hechos. esta narración debe traer el nombre completo de la persona que lo presenta, número de cédula, nacionalidad y números telefónicos donde contactarle. Los hechos se pueden traer personalmente o enviarlos al apartado 933- 1007 Centro Colón. Oficina Proceso canonización Sor María Romero. Casa de María Auxiliadora. |