HACIA LA CANONIZACIÓN DE SOR MARIA ROMERO (Parte de los datos han sido tomados del Extracto de una entrevista al cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos Abril 2002) Estamos celebrando en este mes de Julio del 2004, la segunda fiesta propiamente litúrgica de nuestra Beata Sor María Romero, después de que el día 14 de Abril del año 2002, el Santo Padre Juan Pablo II la declarara Beata en la Plaza de San Pedro en Roma y declarara oficialmente el día 7 de julio como el día de su festividad litúrgica. Nuestra oraciones no deben cesar implorando del Señor, la pronta canonización de nuestra querida Hermana la Beata María Romero. El elevado número de canonizaciones y beatificaciones del pontificado de Juan Pablo II ha puesto en el centro de atención un aspecto que parece desafiar la razón: los milagros.
¿Por qué la Iglesia sigue canonizando? El reconocimiento público de la santidad de los mártires y de quienes han practicado las virtudes de manera heroica es una constante en la vida de la Iglesia, desde sus comienzos. En su carta programática sobre el milenio que hemos comenzado, Juan Pablo II se refiere con optimismo enraizado en la fe a la tarea pastoral apasionante que aguarda a la Iglesia en el momento presente, y no duda en afirmar que el punto de mira ante el que debe situarse esa pastoral es la llamada de todos a la santidad. Dentro de esa perspectiva, el Papa ha querido también dar un fuerte impulso al número de canonizaciones y de beatificaciones a lo largo de su pontificado. Con la canonización, la Iglesia da gracias a Dios, a la vez que honra a esos hijos suyos que han sabido corresponder generosamente a la gracia divina y les propone como intercesores y como ejemplo de la santidad a la que todos estamos llamados.
Sería demasiado cómodo y a la vez irreal esperar pasivamente a que cambien las estructuras. La única opción que existe es que cambiemos nosotros Pero, a la vez, la santidad no es un asunto puramente individual, ya que la Iglesia es la familia de Dios y sólo como miembros de ella alcanzaremos la meta. Jesucristo es la Cabeza del Cuerpo Místico, del que forman parte quienes han llegado ya al Cielo o se purifican para entrar en la Gloria o aún peregrinan en la Tierra. En esta maravillosa comunión de los santos y comunicación de bienes se hace realidad la santidad de cada uno. Dentro de este marco se encuadran los beneficios que nos reportan la función ejemplar y la intercesión de los santos. Acabamos de celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor: ahí tenemos la respuesta al desánimo que alguna vez puede insinuarse en nosotros, al comprobar la escasa calidad de nuestra correspondencia al querer de Dios. Hemos de estar persuadidos de que la gracia de Dios es sobreabundante, y sobrepuja con mucho todas las dificultades. La reforma del procedimiento de canonización introducida en 1983 por Juan Pablo II ha simplificado considerablemente el itinerario de las causas de los Santos. Esa reforma de Juan Pablo II ha respondido al deseo expresado por el Vaticano II de ver en los altares a santos contemporáneos, personas que todo cristiano considera más cercanas a las circunstancias en las que se desenvuelve su existencia, porque han vivido en el mismo contexto cultural, con problemas semejantes a aquellos a los que todos nosotros hemos de hacer frente cada día.
“Una intención le suplico en sus oraciones: para que pueda continuar hasta la muerte con mi propósito de “vivir ciegamente abandonada en los brazos de Jesús y de María (amando a El por Ella y a Ella por El)”, y... de hacerme santa en este Año Santo, o por lo menos poder dar un paso de gigante en la santidad, o aunque sea, un paso de hormiga: pero no detenerme en ella y mucho menos retroceder”. La vida de Sor María es una continua experiencia de unión con Dios, vivencia cotidiana que no se queda en un mero espiritualismo desencarnado, sino que se hace gesto concreto de amor hacia las necesidades de quienes viven sumidos en el mundo del dolor. Todo en ella está siempre referido a Dios, todo en ella gira en torno a Dios. Su alma que vive sumida en el amor de ese Dios que la llena y la apasiona en las obras de extensión de su Reino, permanece en medio de una intensa actividad, abismada en el mar insondable de la misericordia y la paternidad de Dios. En esta nueva conmemoración de su paso al cielo, Sor María nos hace un llamado también a la santidad, a usted, a mí… a todos los que entendemos la palabra de Jesús en el Evangelio: “Sin Mí no podéis hacer NADA! ( Jn 15, 5) Así Sor María nos recuerda en sus Escritos Espirituales: “La paz interior, el gozo espiritual, la luz, la consolación, la energía, son el fruto seguro, la recompensa cierta, de esa intimidad de relaciones con Nuestro Señor, con su corazón abrazado de amor por nosotros. Más abundantes serán esos frutos cuanto más frecuentes, más cordiales, más íntimas sean nuestra relaciones con El.” (EE.2, p.16) PARA PEDIR GRACIAS POR INTERCESIÓN DE SOR MARIA ROMERO Oh Dios dador de todo bien, acoge con bondad nuestras humildes súplicas: dígnate glorificar a tu sierva SOR MARIA ROMERO MENESES Quien pasó haciendo el bien a todos, Inmolándose por los que sufren, Los pobres, los abandonados pequeños y grandes, sin buscar otra cosa sino tu gloria, el triunfo de la Santa Iglesia y la salvación de las almas. Concédeme – si es tu voluntad para mi mayor bien- la gracia que ardientemente imploro de Ti Oh Padre misericordiosísimo, por intercesión de esta tu sierva. Amén |